A escasos días de recibir con JÚBILO las festividades decembrinas -adornando el arbolito, comprando regalos para la familia y amigos, o preparando la cena de nochebuena-, me percaté de algo interesante: no sentía la misma emoción que en años anteriores; era como si esa energía se hubiera desvanecido con riesgo de apagarse. Si alguna vez has llegado a sentir lo mismo que yo o te cuestionas en repetidas ocasiones “¿por qué no siento lo que debería?”, quédate a leer el siguiente artículo.
Resulta extraño que la Navidad genere emociones tan contradictorias cuando generalmente es conocida por ser una época alegre, cálida y familiar. Sin embargo, hay que comprender que no todos experimentan la misma cara de la moneda.
El término “Navidad blues” hace referencia a un estado de ánimo temporal que afecta a algunas personas durante esta época. Aunque este fenómeno no sea considerado como trastorno, la profesora Patricia Bermúdez Lozano (Facultad de Psicología en la UNAM*), explica que algunos de los síntomas más comunes involucran insomnio, ansiedad, tristeza, falta de apetito y mal humor.
Factores como una percepción negativa del entorno, la presión social y las dificultades económicas juegan un rol importante —importantísimo— en su aparición.
Si bien existen varios desencadenantes, como los duelos o metas sin cumplir, considero que los más relevantes son las expectativas desproporcionadas y la comparación con tiempos mejores; siento que esto pesa más que cualquier otro factor, pues nos hace mirar el futuro y los recuerdos con otros lentes, idealizando lo que fue y lo que podría ser, dejando al presente atrapado entre la insoportable nostalgia y la exigencia de una felicidad futura, una que rara vez se cumple como queremos.
Cuando uno o varios miembros de la familia atraviesan ese estado emocional, el mal humor y el desgano pueden crear tensiones, incomodidades y hasta conflictos durante espacios “obligatoriamente felices”.
Antes de entrar en cualquier confrontación, es necesario reconocer las emociones por las que atravesamos y brindarnos un espacio seguro para expresarnos sin juicios; no solo para evitar malentendidos, sino también para dar apertura a formas más armónicas de convivencia. Bajo esta lógica, combatir la “Navidad blues” implica recurrir a estrategias saludables para hacer más llevaderas estas fechas.
¿Qué más podemos hacer por nuestra cuenta? Podemos comenzar por enfocarnos en los aspectos positivos de las personas y de la festividad sin negar las emociones difíciles. A ello se suman acciones concretas como realizar actividades placenteras, buscar apoyo en familiares, amigos o profesionales, y participar en actividades altruistas, las cuales contribuyen a disminuir el malestar.
Reconocer la “Navidad blues” y tomar medidas para enfrentarla permite construir una experiencia más empática, realista y saludable, tanto a nivel individual como familiar. Al final, más allá de los regalos, las luces o las grandes cenas, la Navidad puede convertirse en una oportunidad para escucharnos, sanar heridas y compartir desde la comprensión, incluso en los días que se sienten más fríos y oscuros.
*Revista UNAM Global, Diciembre 2022.







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